La inspiración llegó de algo tan simple y tan real como nuestro día a día.
De esa época en la que vivíamos en la ciudad y las horas parecían más cortas de lo normal. Compaginábamos nuestros trabajos en multinacionales con este proyecto que entonces empezaba a tomar forma, intentando encajar deporte, vida social, llamadas, cafés, cenas y, de alguna manera, también dormir.
Siempre decimos que no sabemos renunciar a nada.
Y no es una frase hecha: es casi un defecto de fabricación, pero uno que llevamos con humor. Somos ambiciosas con el tiempo; exageradamente optimistas, o ilusas quizá, convencidas de que en un día caben más cosas de las que el calendario acepta. Como si pudiéramos teletransportarnos. Como si pudiéramos estar en todas partes a la vez, y en todas con toda la energía.
De ahí nace Rushing into the City: de esa sensación de correr sin correr, de avanzar sin parar, de dejarte llevar por la inercia bonita de un día que se llena solo porque tú quieres vivirlo todo.
Cuando imaginamos esta campaña, sabíamos que necesitábamos a personas que entendieran ese ritmo. Ese modo de vivir que es una mezcla de curiosidad, prisa y alegría. Alguien como Isa y Theresa.
Las conocimos y fue inmediato: amigas unidas por una pasión: la moda, su trabajo como estilistaS, y por un estilo de vida que parecía escrito para esta historia. También ellas viven así: con planes que encajan como piezas invisibles, con ganas de probar sitios nuevos, comer bien, descubrir, recomendar, compartir. Son de las que dicen “sí” sin pensarlo, de las que se apuntan a todo, de las que caminan por la ciudad con intención.

Sentimos que teníamos algo en común.
Esa energía que te lleva, que conecta, que contagia.
Esa manera de vivir donde la espontaneidad no es caos, sino una forma de navegar el día.
Pero faltaba alguien capaz de contar esa energía.
No de capturarla, sino de narrarla.
Víctor no hace fotos: hace historias.
Tiene esa mirada que convierte un gesto cotidiano en algo que te hace detenerte. No porque busque dramatizarlo, sino porque sabe ver lo que ocurre detrás: la intención, la emoción, la secuencia. Viene del mundo del documental, y eso se nota en cada imagen.
No busca la pose, busca la verdad.
No retrata una escena, la cuenta.
Era la persona perfecta para esta campaña.
Porque Rushing into the City no iba de estilizar la prisa, sino de mostrarla tal y como se siente: ligera, impulsiva, real. Ese tipo de movimiento que, cuando lo miras desde fuera, tiene algo de poético, aunque en el momento no te des cuenta.

Rushing into the City no es correr.
Es recordar, desde la distancia, ese momento de nuestras vidas en el que lo queríamos todo y, de alguna forma, lo conseguíamos.
Es mirar atrás con cariño y reconocer que esa energía también forma parte de lo que somos hoy.
Y quizá por eso nos emociona tanto:
porque no habla de la ciudad como un lugar,
sino como una forma de estar en el mundo.
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C'est Nous en Paris

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